Café en la oscuridad

Enviado por Sebastián Olivero el 11/07/2010 a las 17:58

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-¿Cómo vas a hacer el café en la oscuridad?
-No sé-dijo la Maga, removiendo unas tazas-. Antes había un poco de luz.
-Encendé, Ronald-dijo Oliveira-.Está ahí debajo de tu silla. Tenés que hacer girar la pantalla, es el sistema clásico.
-Todo esto es idiota - dijo Ronald, sin que nadie supiera si se refería a la manera de encender la lámpara. La luz se llevó las esferas violetas, y a Oliveira le empezó a gustar más el cigarrillo. Ahora se estaba realmente bien, hacía calor, iban a tomar café.
-Acércate aquí - le dijo Oliveira a Ronald. Vas a estar mejor que en esa silla, tiene una especie de pico en el medio que se clava en el culo. Wong la incluiría en su colección pekinesa, estoy seguro.
-Estoy muy bien aquí - dijo Ronald - aunque se preste a malentendidos.
-Estás muy mal. Vení. Y a ver si ese café marcha de una vez.
-Qué machito está esta noche -dijo Babs-. ¿Siempre es así con vos?
-Casi siempre -dijo la Maga sin mirarlo-. Ayúdame a secar esta bandeja.
Oliveira esperó a que Babs iniciara los imaginables comentarios sobre la tarea de hacer café, y cuando Ronald le  bajó la silla y se puso a lo sastre cerca de él, le dijo unas palabras al oído. Escuchándolos, Gregorovius intervenía en la conversación sobre el café, y la réplica de Ronald se perdió en el elogio del moka y la decadencia del arte de prepararlo. Después Ronald volvió a subirse a su silla a tiempo de tomar la taza que le alcanzaba la Maga. Empezaron a golpear suavemente en el cielo raso, dos, tres veces. Gregorovius se estremeció y tragó el café de golpe.

Julio Cortázar, Rayuela

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