¿Recuerda usted esa escena de 'The
matrix' en donde Morpheus le ofrece las píldoras de color rojo y
azul a Neo? ¿No? Acá está:
Pues bien. Se podría decir que en
Cofibreik elegimos tomar la roja.
Querámoslo o no, después del curso de
barista básico, ofrecido por los amigos de CoffeeManiacs, Cofibreik
ha entrado en otra onda. Nos gustaría seguir escribiendo las reseñas
sin entrar a criticar si el espresso estaba subextraído, o si el
grano que usan está molido dentro de la molienda, incluso si el
capuccino lo hacen con crema chantilli. El 'problema' es que
Cofibreik se profesionalizo. Ya no solo escribiremos buscando que es lo que tiene de especial cada cafetería, también nos enfocaremos en la manera en que tratan de sacarle partido a la bebida. Aún cuando no lo queramos, ahora somos pro... o por lo menos
para allá vamos.
Recordando
nuevamente a Morpheus: "I can only
show you the door. You're the one that has to walk through
it". El curso de baristas no nos dejo como baristas (duh!
obvio), pero nos dio las capacidades para poder distinguir si las
cosas se hacen bien o no. Ahora es nuestra opción quedarnos con los
conocimientos adquiridos, o cruzar esa puerta en busca de nuestra
realización cafetera.
Terminado el curso, pensé en ver si
realmente esto había dejado sus frutos y partí... ahí donde nunca
creí encontraría algo mal. Me reconozco un fan acérrimo de
Starbucks, y como tal, defendía sus precios precisando que las
preparaciones eran de una calidad máxima. Para mí, el capuccino del
starbucks no tenía comparación. Espumoso, calentito, muy agradable
para conversarlo. A diferencia de otras veces, después de pagar el
café, me quede al lado de la barra para ver la preparación de la
bebida. A los 30 segundos, ya no quería ese capuccino.
Creo que la comparación de Starbucks
con McDonalds puede ser recurrente entre los baristas, y se entiende. Es una cadena multinacional del café que busca, como todo negocio
claro, ventas. Y en este contexto, el Fastcoffee es su negocio. La fila de gente antes y
después de mi era larga aquel día, pero la espera no era mucha.
Cafés se pedían, cafés salían. Las preparaciones más lentas,
como el espresso, salen raudas dentro de la automatizada maquina todo
en uno, lo que disminuye los tiempos de las preparaciones de manera
considerable. Ni pensar en artlatte con estos capuccinos, la
texturización de la leche no lo permite. En vez de buscar una
textura cremosa y homogénea, se espera mucha espuma y harto calor.
- ¿A cuanto llega la temperatura de la
leche en esa maquinita?- le pregunte a la chica con cara de ingenuo.
- ¡A 120 grados!- me dijo contenta...
- Aaaaaaah.... que caliente ah.
Me tome ese café solo porque me costó
un ojo de la cara. Ahora lo veo, es realmente caro.
















Jajaja, yo hice ese curso hace un poco más de un año e hice exactamente lo mismo que tu. Me sentí igual... inquisidor. Me creí el fiscalizador de cafeterías. Starbuks y sus clones no dejan de decepcionarme, incluso algunas llamadas "cafeterías" que dan asco de sólo mirarles sus máquinas cochinas y el vaporizador con leche quemada pegoteada y para qué hablar del resto de los utencilios e insumos.
Rara vez opto por el café "a la rápida" días ajetreados de oficina, corriendo por la calle... en esos casos es una opción que salva. Pero si tienes tiempo... OLVIDALO!! Para eso están los locales contados con los dedos de la mano. El Espresso Bar (mi favorito) trato de ir más o menos seguido. Tuve la fortuna de ir el segundo día de inauguración, conversar con Matías Lama (el dueño) todo relajado porque el local estaba prácticamente vacío, hoy tienes que hacer fila para encontrar una mesa vacía. ¡¡Bien por Matías y por el negocio del café!!.