
Existen los nuevos, los que la rompen, los que dan lo mismo y los clásicos. La heladería Sebastián es un clásico, con más de veinte años de existencia, fue uno de los pioneros en su rubro. Desde siempre hacen sus propios sabores con ingredientes naturales. Sus copas de helado, al igual que las de su pariente cercano El Bravísimo, son un despliegue de colorido y exhuberancia, un juego de cremosidades, temperatura y sabores. Nunca he sido capaz de comerme una de estas construcciones, al principio las contemplo con admiración y al rato después, con mi estómago al borde del colapso, lo único que pido es que alguien me pare, me quite la cuchara y me de algo salado. En mi juventud cometí el error de invitar a una que otra enamorada a estos lugares: lo que comenzaba como una conquista, terminaba con una discusión sobre las consecuencias digestivas de la ingesta exagerada.
Nuevamente me hallo recorriendo Providencia y el Drugstore, algunos regalos son difíciles de escoger, sobretodo considerando la importancia de la persona y lo acotado del presupuesto. Atravesamos el Tavelli y aprovecho de saludar a Roberto Merino, un escritor que no necesita presentación y afortunadamente uno de mis maestros. Roberto tiene al Tavelli como centro de operaciones.
- ¿Este es el lugar donde escribes?
- Cierto tipo de cosas las vengo a escribir acá –me subraya con mirada cómplice.
Sin querer quitarle su tiempo, le presento a Daniela y al niño y me despido. Veo que Daniela está algo confundida y me doy cuenta que ni siquiera le dije quién era la persona que acababa de saludar con su cariño habitual.
- Ese es Roberto Merino.
- ¡Él es! Pero si se veía bien –me dice extrañada.
Una vez sentados en Sebastián, el mesero nos tiene rápidamente servidos: un café helado, una vitamina naranja y una bola de helado de vainilla en vaso pero con barquillo –para el niño. El lugar se reconoce por las mesas apostadas en la vereda y es lo que le da su firma, pese a que son muy simples –las sillas son de plástico- el color blanco y morado le da un toque especial, fresco y coqueto. Adentro el espacio es profundo y estrecho, me sorprendió que más de la mitad esté dedicado a la gelatería dejando apenas un puñado de mesas para los consumidores. Cerca de la caja hay una escalera caracol y tuve la intuición de que arriba no había mesas.
- ¿Qué hay arriba?
- Los baños y la cocina.
Que más de la mitad del espacio esté dedicado a proveer el servicio no es, obviamente, un error, pero si al menos una rareza.
Daniela me cuenta que su amiga Mari solía venir aquí cuando hacía la cimarra.
- Ella tiene muchas historias que te podría contar.
Como es usual, llegan un par de actores de los viejos tiempos, persiguiendo sus costumbres a través de los años, asisten regularmente al Sebastián en tiempos estivales. Hay clásicos que se mantienen en todo su esplendor, otros que caen –como el café Torres–y están los recintos como Sebastián, que más que mantenerse o destacarse se ha confundido con su entorno. Este clásico lo es más que nada en la memoria de sus comensales. A mis ojos, es un local que no tiene nada que envidiarle a nadie y que tiene muchas similitudes con sus vecinos, un digno integrante del sector.
Después de pagar, nos devolvimos al Drugstore volviendo sobre nuestros pasos para ponerle punto final a las compras. Roberto Merino seguía ahí, con su pucho y su prosa, quizás transformado a estas alturas, en un clásico del Tavelli. Preferí no volver a interrumpirlo.
FICHA
Heladería Sebastián
Andrés De Fuenzalida 26, Providencia
WiFI: NO
Redcompra: SI
Actores de ayer y hoy: SI


















Hola, soy Sebastian Pesce K, dueño de la heladeria Sebastian, me gusto tu reportaje, entretenido, porfa contactate conmigo para que hablemos de una posible asesoria. gracias.
Ok, mañana llamo.