“El taxi se detuvo, Marcello se apeó ante el café designado por Orlando. Las mesas alineadas en la acera, tal como le advirtiera por teléfono el agente, estaban llenas; en cambio, el interior del café estaba desierto. Orlando estaba sentado en una mesita junto a una ventana. Tan pronto como lo vio, lo llamó y le hizo señas de que se acercara.
Marcello se encaminó hacia él sin
prisa y se sentó de cara al agente. A través del cristal de la ventana se veían
las espaldas de las personas sentadas fuera, a la sombra de los árboles y, más
lejos, parte de la columnata y el frontón triangular de la iglesia de
- Tal vez crea usted, doctor, que le van a servir un café exprés, como en Italia; pero es una ilusión. En París no hay café bueno como en Italia. Ya verá usted el calducho que le traen.”
Alberto Moravia – El conformista.














