Café de la Plaza de la Magdalena, París

Enviado por Sebastián Olivero el 18/12/2009 a las 16:31

El taxi se detuvo, Marcello se apeó ante el café designado por Orlando. Las mesas alineadas en la acera, tal como le advirtiera por teléfono el agente, estaban llenas; en cambio, el interior del café estaba desierto. Orlando estaba sentado en una mesita junto a una ventana. Tan pronto como lo vio, lo llamó y le hizo señas de que se acercara.

Marcello se encaminó hacia él sin prisa y se sentó de cara al agente. A través del cristal de la ventana se veían las espaldas de las personas sentadas fuera, a la sombra de los árboles y, más lejos, parte de la columnata y el frontón triangular de la iglesia de la Magdalena. Marcello pidió un café. Orlando esperó que el camarero se hubiese alejado, y entonces dijo:

-         Tal vez crea usted, doctor, que le van a servir un café exprés, como en Italia; pero es una ilusión. En París no hay café bueno como en Italia. Ya verá usted el calducho que le traen.

 

Alberto MoraviaEl conformista.

 


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