The Coffee Factory tiene el perfil de la típica cafetería de Providencia, o al menos, de una perteneciente al estándar clásico de lo pudiente. Es muy comparable con el Coppelia, el Tavelli y el Mokka entre otros. Se podría decir que forman una especie de hermandad o conglomerado, en términos de estilo y servicio a sus clientes. Toda cafetería que busque una identidad y espacio propios dentro de la ciudad, debiera tomar estos grandes referentes como antimodelos, acercarse a ellos como lo hace un artista independiente a los productos del imperialismo.
Con Daniela y el niño fuimos de compra a una gran tienda cerca de Los Leones y decidimos tomarnos un café antes de volver a casa. Apenas salimos a la calle nos topamos con el frente de The Coffee Factory; con agrado decidí que ese era el lugar en donde nos acomodaríamos nosotros y las bolsas. Recordé que este tipo de cafeterías se adapta sin problemas a los Malls, tanto así, que si uno no tiene buena memoria, pensaría que fueron estas grandiosas infraestructuras las que inventaron el estilo de estos lugares.
Al momento nos atendió un mozo uniformado con la carta. La oferta también pertenece al estándar: en una hoja ofrecen desde el Ristretto hasta el Capuccino, mientras que en la siguiente promocionan bebidas con mayor elaboración; tampoco falta una buena oferta de jugos, sandwichs, postres, tortas, etc. Proclive al color café, la madera y el hierro, el lugar tiene un ambiente cálido, pero no tan acogedor debido a que no persigue crear espacios íntimos o de encuentro. En las cafeterías de este estilo, según palabras de Roberto Merino refiriéndose al Tavelli del Drugstore, “sigue operando por mesas y espejos ese deseo oculto de todo ciudadano: dejarse ver, mirar y ser mirado”.
Siguiendo por la calle Las Bellotas vemos tres cafeterías más. Me he sentado en todas y puedo decir que no tienen un concepto muy claro ni se diferencian mucho la una de la otra, el café es regular en dos de ellas y derechamente malo en Café di Roma. The Coffee Factory asoma como líder de la cuadra y también de los precios.
El niño comió un helado de vainilla con la suficiente azúcar como para llevarlo al paroxismo de la expresividad infantil. Nuestro vecino de mesa, un tipo muy cool, deportivo y musculoso no estaba para nada feliz. Detrás, un grupo de señoras y sus hijas adolescentes no prestaban tanta atención. La comunicación más allá de los límites de nuestra mesa solo constaba de miradas en diferentes calibres: desde la deferencia hasta una impaciencia que amenazaba con convertirse en violencia de transmisión síquica.
A mi modo de ver, The Coffe Factory se presenta a si mismo como un lugar para socializar como se hacía antes, es decir, sentarse para hacer presencia y cruzar miradas y comentarios con el objetivo de mantener la imagen o status. Como fueran antes, según Joaquín Edwards Bello, los cines tipo Lido o los hoteles estilo Crillón. El problema es que la gente ya no hace eso. Si la misma escena hubiera ocurrido en los años dorados de Santiago, seguramente hubiéramos pasado a la conversación usando la retórica del buen decir, pero como ciudadanos, ya no somos tan rurales. Estos lugares evocan la siutiquería y el clasismo del pasado, que aun existe, pero dentro de otros códigos y formatos.
FICHA:
The Coffee Factory, Los
Av. 11 de Septiembre con Las Bellotas, Metro Los Leones.















Si bien estoy de acuerdo en que la oferta de Las Bellotas no tiene la calidad esperable en un sector tan concurrido, no puedo concordar con tu afirmación de que es el Coffee Factory el líder de ese micro-boulevard. Recorro ese sector diariamente y, después de probarlos todos, me he quedado con el Capuccino Company (en la interseccción de Las Bellotas con Coyancura). Es cierto que, si prescindes de las mesas exteriores, el espacio es ínfimo (problema que comparten varios cafés del sector), pero tiene una carta un poco más interesante que los otros.
No lo conosco, buen dato para una futura reseña, gracias y gracias por meterte en nuestros archivos