Cuando fui a Italia tenía 17 años, no mucha plata, poco mundo y ni un gramo de consciencia sobre lo que hacía o el lugar en donde estaba. Incluso sabía que eso era así y le decía a mi amigo David “¡es que cacha donde estamos loco!” pero yo igual no lo cachaba tanto.
Ahora tengo el deseo de volver a viajar a cualquier ciudad atractiva y simplemente quedarme ahí, no solo turistear, sino que respirar por un buen rato allá, darme el lujo de no tener nada que hacer y aburrirme en Paris, Roma, Tokio etc.
Si fuera a Nápoles me vería si es verdad lo del “Caffe pagatto” que salió en un blog . Se supone que cualquier comensal que se toma un café puede elegir dejar un “caffe pagatto”, es decir, pagar un café extra que estará disponible para quien lo necesite. Los meseros llevan la cuenta y si yo estuviera por ahí sin mucho dinero, solo tendría que sentarme y pedir un caffe pagatto porfavore. Y esperar que no me discriminaran por sudaca y que efectivamente me pusieran un café en la mesa.
Este es un buen rumor que ojala se transforme en una bonita costumbre. Proponemos que el “Cortao pagao” se extienda a lo largo de la ciudad y el país y el más allá. Por otro lado es interesante guardar este tipo de cosas en la memoria para cuando ocurra el ansiado viaje al viejo mundo.














